A veces siento que son demasiadas las espinas y pocas las rosas.
Hago todo lo posible por ser optimista, por nadar aún en contra de la corriente, por determinarme a luchar por lograr mis sueños.
Pero en ocasiones siento que mis esfuerzos no cosechan frutos y eso me preocupa, me entristece y trae a mi vida una mezcla de sentimientos complejos. Hay noches de insomnio que consumen muchas de mis energías tratando de enfrentar los temores a que todo se quede igual y a que mi futuro sea incierto. Me abruma la neblina de la incertidumbre a que no surjan aquellos cambios que tanto deseo. Y esa sensación de impotencia me impacienta y hace que lágrimas se escapen de mis ojos a modo de desahogo y consolación.